El fallecimiento del Presidente Alfonsín fue una gran celebración republicana. Alfonso el Pequeño cometió muchos errores como jefe de gobierno, pero ese tema no interesa tanto a este blog. Aquí nos preocupa la dimensión de la acción humana. Alfonsín fue un republicano y eso mueve a la ciudadanía, que fue a despedir al repúblico y no al jefe de gobierno. ¿Qué define si un gobierno es bueno o malo? ¿Acaso la suerte de una gestión no está echada por variables que el gobernante no controla? La causalidad es mezquina: ¿la híper del 89 fue responsabilidad del plan primavera, al contexto económico internacional, un golpe de mercado? No existen respuestas definitivas a esas preguntas. Pero sobre la acción humana sí podemos hablar. La elección es definible. Y muchas elecciones de Alfonsín, las más importantes, tuvieron un sentido republicano. Tenía un objetivo de bien común en sus políticas, y lo persiguió. Creía que Argentina debía abstenerse de participar en la guerra fría, y nos llevó a los No Alineados. ¿Convenía o dejaba de convenir? Muchas decisiones de Raún respondían a un sentido y no a una conveniencia. Alfonsín rompe el molde del rational choice. Y muchas de sus omisiones, Tuvo infinitas oportunidades de robar al erario público sin ser descubierto, y se abstuvo. A diferencia de los cacos democráticos, Menem y Kirchner. El republicanismo es una doctrina que persigue la virtud pública, y no la eficacia. A la eficacia nadie supo explicarla. Festejamos la virtud pública de Alfonsín y dejamos los otros debates para otros espacios.
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