A la hora de decidir, el votante buscó una salida a ese pantano, que, obviamente, no pueden dar los kirchneristas decadentes. La ciudadanía encontró lo que pudo. Lo que hay. Pino tiene tres valores republicanos: va por la democracia participativa, valora lo intelectual (frente a la insoportable mediocridad del macrismo), y es honesto. Los radicales de Alem fallaron irreparablemente en poner, como estandarte, a un cuadro del mundo financiero, que se enriqueció con los peores mecanismos de la bicicleta.
Ahora, Pino ya no solo es una modesta opción republicana. También, Pino es un contrapeso de poder a los votos del macrismo corrupto en la Ciudad.

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